“Escondite”

Bueno, pues en un blog encontré un reto de escritura que me gustó bastante y aquí va, fue sobre que mi protagonista encontrara algo escondido en su subconciente. Rápido se me ocurrió una historia. Dude bastante en mi final, pero bueno, me siento bien para no escribir algo triste.

Norma corrió para alcanzar el autobus.  Se despertó tarde y ahora alcanzaba corriendo el camión. Había soñado que estaba en el patio de su antigua secundaria junto a un viejo amigo.

-Oye Norma, dime, ¿dónde lo escondiste?-le preguntaba  su amigo.

-¿Esconder qué?

-Dime, quiero saber.

-¿Pero qué?

Al final teminaba en el jardin de la abuela, como cuado era niña jugando en el lodo, pero el lodo  se había vuelto pegajoso y terminaba hundiendose en el.

Tratando de recordar el sueño completo y aún adormecida Norma se quedó dormida en el camión.

-Oye, no los estás buscando- Le dijo Alejandro.

Norma despertó al esuchar la voz. Nadie estaba cerca para que le hablara. “Qué raro” pensó Norma, hace mucho tiempo que no veía a Alejadro, y mucho menos había hablado o pensado en él.

Todo el día tuvo presente aquel sueño  y una curiosisdad por saber de su antiguo amigo. Alejandro había sido su amigo desde que iban a la secundaria, se le había declarado en la preparatoría y el la había rechazado, aunque siempre había conservado su amistad. Pero como ocurre con las relaciones, con el tiempo dejaron de hablarse con menos frecuencia y poco a poco a decirse nada. La última vez que había hablado con él fue por telefono, lo había ido a buscar y el nunca salió de su casa. De eso había pasado 3 años.

Al atardecer su curiosidad por saber qué había sido de su amigo cambio a angustía. Algo no iba bien. Antes de llegar a su casa buscó su número de celular. Marcó y no contestó.  Llamó a su amiga.

-¿No sabes nada de Alejadro? creo que ya cambió de número.

-No, hace un buen que no le hablo. Preguntale a sus amigos. -Le dijo su amiga.

Un amigo  fue el único que le dio razón. Iban a la misma universidad, y aunque tampoco se frecuentaban mucho le contó.

“Tenía planeado decirle a todos lo que había sucedido. En la mañana a la Universidad llegarón muchas ambulancias y de los jardínes de la salida llevaban a Alejandro en una camilla, sino tuvo una intoxicación tuvo una sobredosis, no sé muy bien que pasó. Fui a su casa después y su hermana me dijó que estaba en el hospital “Los ángeles”. Quería ir a verlo pero me dijo que aún no despertaba y que cuando lo hiciera podríamos ir a verlo.”

Norma habia palidecido.  Conocía a Alejandro, y sabía que era débil de salud, de condición, de todo.

No se sentia bien con el sueño de aquella mañana y menos con lo que se había enterado . Tomó un autobus y bajó cerca del hospital. Faltaba una calle cuando echó a correr.

Llegó al hospitla y preguntó por su amigo, dio su nombre y dijo  que era su prima. La enfermera lo dudo pero la dejó pasar. Mencionó que su estado era grave y por eso sólo los familiares lo podían ver. Por coincidencia había llegado a la hora de las visitas.

Llego a la puerta de su habitación y donde se encontraba una mujer que tenía los ojos hinchados, y un joven idéntico a Alejandro pero un poco más joven. Los dos estaban demasiado asusados para preguntarle algo.

Entró a la habitación. Él se encontraba acostado con una sábana libiana cubriéndolo.  Tenía comectados a la vena de su muñeca sueros y más cosas. Estaba pálido, muy pálido.  Norma sólo se acercó un poco para verlo. Salío de la habitación sintiendose culpable. Esa noche la dejaron quedarse en la sala de espera con demás familiares de otros pacientes.

Sabía que Aleandro estaba luchando por vivir, y también sabía que era débil y probablemente iba a dejar de luchar .  Se sentía culpable por no haber seguido hablando con él, por no haberlo visto aunque fuera él quien la había cortado. Pero estaba ahí por algo, sentía que él la llamaba. Cuando eran más jóvenes y a él le daba miedo algo o estaba inseguro le pedía ayuda a ella. Norma nunca supo si de verdad era amor lo que sintió o sólo costumbre.

Alejandro la veía desde arriba. Norma estaba sentada en un columpio y había un jardín con flores alrededor.

-Hola. ¿Ya lo encontraste?

-¿Qué? ¿Cómo es que…? ¿De qué hablas?

Norma sintió miedo y preocupación, sabía que estaba soñando, pero le daba miedo soñar con él estando en esa situación.

-Acuerdate, no puedo salir si no los encuentras.

-¿Encontrar qué?

-A mí-Sonrió con esas sonrisa que le seguían encantando a Norma, aquella que durante un tiempo pensó que era solo para ella. Después desapareció.

-Alejandro, eres un idiota, nada me puedes decir bien, no entiendo indirectas y lo sabes. Ni en sueños puedes hablarme bien.- Gritó

Volteó a su alrededor y el bello jardín que había antes se había convertido en el parque cercano a la preparatoria  donde iba seguido con sus amigos. Se acercó a los columpios y sólo recorodó por qué ya no había vuelto a pisar por ahi. Ese fue el lugar dónde Alejandro le dijo que aún no sabía que setir por ella, y que era más seguuro si seguian siendo amigos. Así era más cómodo.

“Tonto” Siguó pensando sobre eso.  “¿buscar qué?”

Se sentó en el columpio y se colgó por un rato. Algo de eso le parecía familiar. Eso hacía antes. Empezaba a desesperarse, pero lo recordó cuando sus pies que chocaban con la tierra cada que se columpiaban desenterraron algo. Era un papel. Lo recogió, le quitó la tierra que tenía y los desdobló.

“Espero que no sea tarde cuando leas esto pero no sabes lo mal que me siento. Tuve la culpa de todo. Te necesitaba más de lo que creía. Me siento raro y es por ti. Soy un cobarde y no puedo decirlo enfrente de ti. Me has evitado y yo a ti. Te amo.”

Había olvidado esa carta. El día que la encontró fue la última vez que visitó aquél parque. La leyó y la enterró. Había sentido tanto dolor en esos días que el tiempo lo había convertido en rencor. Para olvidar sus sentimientos había escondido aquellas memorias junto con aquella carta. El parque fue el escondite de aquellos recuerdos y olvidó todo lo que había ahí.

Se despertó.

Era muy temprano. Fue a la habitación de Alejandro. Él seguía igual.  Acercó un silla a su lado y tomo su mano hasta que la suya lo calentó.

-Ale, encontré la carta. Recordé todo, siempre lo supe. – Norma apretó su mano y se acercó a su oído. Contuvo el llanto. – Te amo. Siempre lo hice.

Minutos más tarde Alejandro abrió los ojos.

 

 

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